La cirugía es la terapia más antigua para tratar el cáncer. De hecho, hasta principios del siglo XX, este método suponía el único tratamiento curativo y paliativo del cáncer. Es la forma más empleada para los tumores pequeños y consiste en quitar el tumor y parte del tejido que lo rodea el tumor, asegurando que todas las células cancerosas sean extirpadas. Si el cáncer se ha extendido a otras zonas, habrá que realizar otros tratamientos .
La radioterapia para el tratamiento del cáncer actúa sobre el tumor, destruyendo las células malignas e impidiendo que crezcan y se reproduzcan. A través de una máquina, llamada acelerador lineal, partículas similares a las de los rayos X se aplican en la zona del tumor.
La radioterapia se utiliza como tratamiento único en aquellos casos en que los tumores son especialmente sensibles a la radiación y no hay señales de que el cáncer se haya extendido hacia ningún otro lugar. Puede también emplearse como tratamiento conjunto a la cirugía o como complemento a la quimioterapia.
Al irradiarse las células cancerosas, los tejidos normales también son destruidos. No obstante, las células sanas tienen mayor capacidad de regeneración que las cancerosas, de manera que el cuerpo se recupera de los daños causados una vez que se ha conseguido eliminar el tumor y se termina el tratamiento.
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